Investigadores del Campus de Huesca excavan en enclaves de los somontanos y el Pirineo para conocer la vida en la prehistoria en el norte del actual Aragón

 

Ordesa, Quicena, en la Hoya de Huesca, o el término de Arén, en la Ribagorza, son los escenarios más recientes de los trabajos de los investigadores universitarios, que iniciaron su labor hace más de 15 años en las sierras del pre Pirineo

Los “aragoneses” de finales del Pleistoceno y de la primera parte del Holoceno, cazadores-recolectores los unos, y pioneros de la agricultura y la ganadería los otros, centran sus trabajos que se extienden ahora a zonas de montaña o a la llanura del valle del Ebro

 

Huesca, marzo de 2015

Investigadores del Campus de Huesca están excavando enclaves de los somontanos y el Pirineo oscense para conocer la vida en la prehistoria en el norte de lo que hoy es Aragón. El Parque Nacional de Ordesa, Quicena, en la Hoya de Huesca, o el término de Arén, en la Ribagorza, son los escenarios más recientemente incorporados a  los trabajos de este equipo de investigadores universitarios, que estudia, desde hace más de 15 años, la vida de los “aragoneses” de finales del Pleistoceno y de la primera parte del Holoceno, cazadores-recolectores los unos, y pioneros de la agricultura y la ganadería los otros. A la investigación realizada en ese periodo, principalmente, en las sierras del pre Pirineo, la zona, en principio más proclive para encontrar materiales de esa actividad humana, por sus abrigos y cuevas, sus condiciones ambientales y su menor transformación posterior por el hombre, se han sumado en 2013 y 2014 enclaves de zonas de alta montaña o de las llanuras del valle del Ebro, que ayudarán a ampliar la panorámica de la vida prehistórica en esta región.

Los prehistoriadores Lourdes Montes  y Rafael Domingo, integrantes del Grupo de Investigación aragonés ‘Primeros Pobladores del Valle del Ebro’, coordinan el equipo oscense en el que también participan investigadores doctorales y con el que colaboran estudiantes de titulaciones humanísticas de la Universidad de Zaragoza. 

Recientemente han comenzado a excavar en dos nuevos enclaves de gran interés: el yacimiento de Espantalobos en Quicena, que supone la presencia humana más antigua documentada en la Hoya de Huesca, con fechas de carbono 14 de hace más de 8000 años; y Roca San Miguel, en Arén, campamento al aire libre ocupado por neandertales hace al menos 40000 años. También se han realizado sondeos y prospecciones en zonas de pastos situadas entre Ordesa y Añisclo, para iniciar una nueva línea de investigación en torno a la posible actividad humana prehistórica estacional en la alta montaña, que podría estar vinculada a la trashumancia. Los ayuntamientos de las dos localidades citadas, y el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido han apoyado estas investigaciones, aportando financiación y otros recursos y facilidades.

El yacimiento de Roca San Miguel, en Arén, tiene la peculiaridad de ser un asentamiento al aire libre, que son menos frecuentes en estas investigaciones por su mayor dificultad de conservación. Correspondería a comunidades de cazadores recolectores itinerantes del Paleolítico Medio, que encontrarían en este espacio un lugar adecuado para sus actividades cinegéticas. Herramientas y huesos de los animales que consumían  están entre los hallazgos de este lugar, que, curiosamente,  se encuentra situado junto a icnitas, huellas fosilizadas de dinosaurio, mucho más antiguas.

El abrigo de Espantalobos, en Quicena, confirma la presencia humana en las zonas llanas  –unos espacios donde las roturaciones y la falta de abrigos hacen más difícil su localización. El yacimiento correspondería a algunas de las últimas comunidades de cazadores recolectores,  y a un a primera neolitización, que se daría en esta zona en un momento que en el Próximo Oriente ya ha desarrollado ciudades y una rica agricultura.

Los trabajos realizados en Ordesa están integrados en un proyecto de la red de parques nacionales, para estudiar la transformación del paisaje de montaña por la mano del hombre, que ha dado lugar a las actuales zonas de pastos de altura. La investigación, que pretende identificar los primeros momentos de actividad humana en estas zonas, ha realizado prospecciones, identificando y valorando enclaves para su posterior excavación. En este proceso se encontrado restos, sin datar todavía, que podrían corresponder al Neolítico.

Montes y Domingo, que comenzaron en 1998 una larga serie de campañas arqueológicas, que se han centrado en la ocupación humana prehistórica en las sierras del pre-Pirineo aragonés, siguen trabajando en ésta área. Actualmente, en concreto, lo siguen haciendo , año tras año,  en un conjunto de cinco abrigos situados en la cuenca del Arba de Biel, en las Cinco Villas, cuyos estratos recogen, ordenadamente, restos de asentamientos humanos desde hace 13.000 y hasta hace 3.000 años.

 

Excavaciones en el pre Pirineo

Pero este grupo de arqueólogos universitarios ha realizado trabajos de investigación arqueológica en otras muchas áreas prepirenáicas,  ya sea en solitario o en colaboración con otras entidades y equipos de investigadores. Estos han llegado desde la ribagorzana sierra de Sis, a la citada de Santo Domingo, en las altas Cinco Villas, pasando por las de la Carrodilla o la sierra de Guara, o a enclaves de las cuencas de los ríos Isuela, Flumen, Gállego o Sotón.

 Entre los lugares que han sido excavados se pueden citar la cueva Alonsé en Estadilla, las llamadas Drólica y de los Cristales en Sarsa de Surta, el abrigo de la Fuente del Trucho, en las inmediaciones del río Vero, que es conocido por sus pinturas rupestres; o los cromlech, de entre 5 y 30 metros de diámetro, localizados en la Sierra de Sis.

Decenas de sondeos, que luego han dado lugar distintas excavaciones, han indagado sobre esos “aragoneses” que vivieron desde hace 4000 años hacia atrás; y que, como cazadores-recolectores, o  agricultores y ganaderos pioneros, encontraron en el pie de las sierras el acceso a recursos ecológicos muy diversos que facilitaban su supervivencia, señala Lourdes Montes. “La existencia de cuevas y abrigos en esas zonas”, continúa, “ha facilitado la conservación y localización de materiales de esos asentamientos que, sin embargo, también se daban en otras zonas” como corroboran sus últimos trabajos.

Una vasija de cerámica con decoración campaniforme, de más de 60 litros de capacidad, y de excelente factura, realizada hace más de 4000 años, encontrada en la cueva Drólica, y actualmente expuesta en el Museo de Huesca, está entre los hallazgos que destaca Lourdes Montes. Esta profesora del Campus de Huesca, sin embargo, resalta el valor de otras piezas “menos vistosas”, pero que aportan importante información al investigador. Herramientas de sílex, huesos de los animales consumidos, o analíticas de polen y restos de carbón, por ejemplo, permiten conocer la alimentación o el modo de vida de estos hombres y mujeres prehistóricos, reconstruir el clima o la fauna y la flora entre la que desarrollaron su actividad.

Además de la difusión científica, desarrollada a través de publicaciones especializadas, presentaciones en congresos y memorias de excavación, estos investigadores de la Universidad de Zaragoza ofrecen charlas divulgativas en los lugares donde excavan, conscientes de la importancia que tiene para la conservación del Patrimonio su conocimiento y valoración por parte de la sociedad.

 

Fotografías: excavaciones en Valcervera (Cinco Villas)